LA NUEVA SOLEDAD
Hace poco me empezó a carcomer una cuestión que hace un tiempo esta dando vueltas por mi cabeza pero que nunca pude articular en un pensamiento hasta ahora.
¿Puedo disfrutar las cosas por mi propia cuenta?
Yo siempre sentí que la respuesta era sí, siempre disfruté hacer cosas solo, siempre las hice solo. Y siempre fui feliz en mi soledad. Ir al cine solo, pasar cumpleaños solo, caminar en soledad por el centro de la ciudad, vivir alejado de todos y pasar semanas sin entablar convesaciones. Y tal vez escribiéndolo suene un poco triste. Pero al vivirlo nunca lo fue. Era como las cosas eran. Vivir en soledad era parte de lo que yo era, y la mayor parte del tiempo no una carga sino una libertad.
Comentar esta forma de pasear por la vida siempre despertó algunos "owww" o "pobre"en los demás, y no voy a negar que siempre aprecié o disfruté un poco esa empatía y respeto, como si se tratara de que estuviera haciendo un sacrificio, pero en el fondo nunca lograba comprender esa lastima como tal.
Por otro lado siempre fui de crear un bonding o enlace muy fuerte con una o dos personas, sean amigos o parejas o animales, y que si bien eran relaciones muy intensas nunca sentí que limitaran mi soledad por aquellas epocas.
Luego terminé yéndome a estudiar a otra ciudad, donde ya conocía a algunas personas, pero que no veía seguido. Me hice amigo de algunas otras, pero con ninguno sentí esa sensación especial de estar con un amigo que te hace sentir en casa.
Todavía recuerdo claramente, y con la nostalgia de todo lo que ya pasó, caminar desde las siete de la tarde hasta las diez de la noche solo por las diagonales en un invierno nocturno, o yendo sólo a ver obras musicales al teatro, sentado solo con el programa en la mano, disfrutando sin pensar en esa soledad, sin siquiera percibirla, solo en breves momentos.
Me mudé del lugar en donde vivía a una pensión de estudiantes donde había mucha gente. Estuve tres meses ahí antes de que comenzaran las vacaciones y ahí creo que fue la primera vez que la noté.
Era de noche ya, me hice una chocolatada y me senté en la puerta que daba a la calle para tomar y disfrutar de estar en paz. Y ahí escuche las risas de la habitación mas próxima. Las personas que estaban ahí las reconocía, por la voz en los momentos que no hablaban cuando no se reían. Recuerdo pensar algo en el espíritu de "Debe ser lindo... tener un grupo de amigos para pasar la noche riéndose".
Tal vez eso fue lo que despertó la idea de la dicotomía en mí, de como lo contrario a estar con amigos, es estar solo. Ellos y yo.
Esa noche volví a entrar al lugar y los vi salir de la habitación que daba al patio común. Y recuerdo ver la cálida luz naranja de la habitación contrastar con la solitaria luz azulada del estar afuera, esa luz que, tal como discretamente e inadmitidamente deseé en ese momento, iba a iluminarme diariamente por mas de tres años.
Quiero comentar que esa imagen fue muy emblemática para mí porque me recordó a la imagen que mi mente había diseñado en su desconcierto la única vez que tuve un desmayo abrupto muchos años atrás. En mi confusión yo viajaba lentamente en espiral hacia una luz naranja en medio de la oscuridad, y mientras mas me acercaba mas claro veía a un grupo de gente charlando, hasta que uno me ve y les señala a los demás que era yo quien venia, así que se preparaban para recibirme. Los podía reconocer y a la vez no, eran mis mas cercanos amigos y las personas que mas quería, las personas que estaban mas felices de verme, dandome la bienvenida ocasional pero esperada.
De cualquier manera, de esa habitación, cual fuere, terminé estableciendo una de las amistades y convivencias más fuertes que hasta hoy conocí. Porque ahora me encontraba siempre acompañado, para los conociertos, para las caminatas, para el cine, pero tambien para no hacer nada, para tomar chocolatadas en el frente de aquella pension, para ir a pagar las cuentas, para ir a disfrutar no estar solo. El tiempo pasó, logramos mudarnos, pero por separado a diferencia de lo que tanto habiamos planeado.
En ese invierno claramente lo noté. Le llamé la nueva soledad, y si bien volví a estar acompañado por otras personas, otros amigos, una pareja, los momentos en solitario se volvieron mas huecos, menos plenos. Ahora habia en mí un hambre por la compañia o mejor dicho, por evitar su falta. Esas cosas que otrora disfrutaba perdieron sentido si no era a travez de los ojos de dos.
Para ese momento, era un fantasma que podia manejar, habia otras prioridades por el momento. Por eso no fue hasta el proximo año que tuve que afrontarle. Sin pareja, sin amigos, sin un rumbo claro, con mil dudas. Con una depresión que se queria quedar. Con el sabor de haber perdido.
Ahi pude notar la leyenda de la que tanto me habian hablado, de esa soledad triste, la que no comprendia.
Y todos esos malos momentos se cambiaron por buenos momentos, con el tiempo suficiente. Te caés y te levantas. Pero el gusto a la nueva soledad no se disipó. Talvez siempre habia estado roto y por eso no podia percivirla, o habia aprendido demasiado bien lo dañino que se podia sentir, o tal vez era un único que no estaba roto y por eso podia disfrutarla.
Hoy hay una ansiedad en mí al leer un libro, al ver una pelicula solo, al pasear por mi cuenta. Algo que me dice que nunca estoy solo por elección, que siempre que estoy solo es porque alguien no quiere estar presente. Y detesto esa sensación que me distrae, me vuelve autoconciente y me hace triste.
¿Puedo cantar para mi mismo? ¿Componer o crear para mí? ¿Puedo escribir para mi mismo y disfrutarlo?
Este es, hasta ahora, el más reciente hijo de la nueva soledad.
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