El Rey Pez
Wip!
Fue en un evento en La Plaza de Mayo rodeados en el quilombo de aquella semidesnudez bulliciosa. Un quilombo al que al parecer perteneciamos.
Y no es que realmente tuviéramos algo en contra de esta forma de festejo y protesta, sino que, concordamos, se sentía un despropósito tanta anormalidad. Si uno lo que quiere es vivir sin prejuicios ¿Cómo se llega a eso fomentando estereotipos? Porque sí, algunos sí se perciben en ese lugar exotico, pero no solo estaban rompiendo las normas de la sexualidad sino otros codigos que todos “debemos” respetar indiferentemente del sexo. Como por ejemplo nunca, nunca, -nunca- ponerse una zunga. Y en esta inclusión parecía invisibilizarse la gente que solo queria pasar un rato en la plaza reconociendo su incinación sexual o generica con un poco de música, cerveza. Y ropa.
Fue en un evento en La Plaza de Mayo rodeados en el quilombo de aquella semidesnudez bulliciosa. Un quilombo al que al parecer perteneciamos.
Y no es que realmente tuviéramos algo en contra de esta forma de festejo y protesta, sino que, concordamos, se sentía un despropósito tanta anormalidad. Si uno lo que quiere es vivir sin prejuicios ¿Cómo se llega a eso fomentando estereotipos? Porque sí, algunos sí se perciben en ese lugar exotico, pero no solo estaban rompiendo las normas de la sexualidad sino otros codigos que todos “debemos” respetar indiferentemente del sexo. Como por ejemplo nunca, nunca, -nunca- ponerse una zunga. Y en esta inclusión parecía invisibilizarse la gente que solo queria pasar un rato en la plaza reconociendo su incinación sexual o generica con un poco de música, cerveza. Y ropa.
A veces a él le avergonzaba la idea de que supieran, que lo encasillasen, que pensaran que era él era uno más, o peor, “una mas”.
La masculindad, entre otras cosas, para mi siempre fue algo ajeno, siempre me sentí un outcast, o al menos un poco marginado al respecto. En un principio, a los ocho, había aprendido a notarlo, a reconocerlo cuando me lo recriminaban esperando que corrija o detenga mi actitud. Y fue así hasta que llegado cierto punto todas estas quejas se sintieron tan cotidianas que dejaron de ser señales a las que le pestase atención y luego de ello me costaba asimilarlas como problemáticas. Para mi fue un esfuerzo de regresiones comprender como él tenia miedo de perder esa licencia de “decente”. Por eso ese martes su “dale” despreocupado a mi propuesta hecha casi en joda bien un poco me descolocó.
Habia sido una amiga del palo la que me dijo de asistir, propuesta de un viaje a el quilombo que es Capital. Ella quería ver esas ropas extravagantes, el “acting” de los Drags, ese glamour bizarro, la culminación anual de todos aquellos modos de experimentar la identidad sexual y a mi siempre me gusto el barullo de la gente cuando uno actua de una persona más, sin nombre ni acciones. Solo transitar.
Supuse que ibamos a ir los dos solos,
Cuando llegamos la plaza estaba llena de gente, de colores, y de piel. Como habiamos presupuesto, y como ella nos habia estado anticipando durante todo el viaje, algunas personas tenian mas ropa en el pelo que en cualquier otra parte, e inevitablemete en algunos casos la curiosidad involuntaria de la mirada nos invitaba a cuestionarnos seriamente como es que "lo esconden", pero ese era un misterio que gratamente nunca perdió su calidad de misterio. En el desfile tambíen estaban otros en boxers boxer y meses enteros de gimnasioencima , posando como un regalo al los ojos de los demás. Y no es que no fueran visualmente sugestivos, pero lo mas atractivo de ver, el verdadero eyecandy, hablabamos con él, era poder mirar a la demás gente regular. Hombres sin un cuerpo atletico, hombres comúnes. Como en una peli de esas amateur, esa cercania y la palpabilidad eran atractivos que otros seres no pueden replicar. Que mostraban un poco de piel, sí, pero no mas que el cuero en una tarde de calor. Jeans, musculosas, remeras, piercings, y alguna que otra skirt. Esa cotideaneidad era el verdadero desfile de lo sensual.Ahi nosotros hablabamos plenamente de que cual o tal podia ser o no ser atractivo para los gustos del otro, gustos que ya tanto conociamos y soliamos conversar.
Ay, pero como van a hablar de esas cosas… ¿Tú no te pones celoso?” le preguntó extrañada de la charla. “Es como raro, yo no podria”. La verdad yo no estaba del todo seguro de la normalidad de esa situación en particular, en parte no tenia la experiencia, y en parte todo se habia dado natural entre los dos de hablar sobre nuestros gustos, incluso sobre las personas que conociamos. Como si fuera otra infraccion sobre masculinidad, lo tenia tan aprehendido al posible conflicto que no lo veia como una problematica. Y es que en ciertos aspectos nuestra afinidad tenia mucho de amigos boludeando un rato, no tanto de la pareja devota e inseparable. Muchas veces incluso hablabamos del “despues de nosotros” como si no fuera que hablaramos de que un dia todo esto iba a dejar de existir. Lo más raro es que esto casi siempre era facil. A veces, obviamente, no, pero si tuviera que explicarlo diria que talvez lo veiamos como una curita muy adherida que algun dia ibamos a tener que arrancar con la cual preferiamos tener siempre los dedos ahí, a punto. Aunque la verdad nunca sabria decir si esto era un pensamiento que nacia de manera bilateral.
Habiamos estado sentados comiendo masitas un buen rato hasta que ella nos dice que va a sacar unas fotos y pegar una vuelta. Yo tambien le pregunté si queria ir a dar una vuelta a él, seguir fichando y ver el desfile mas de cerca. Se levantó y me dijo “vamos”.
Descaradamente le agarré la mano tratando de articularlo como un acto natural. Él me miro incriminatoriamente, no le gustaba ir de la mano, y se sentia avergonzado.
Pero en aquel lugar, me di cuenta de que todos los argumentos que siempre me habia puesto para no hacerlo en ese momento carecian de validez. Era mi oportunidad de probar eso de ir de la mano, cosa que a mi no me importaba realmente, pero un poco para pelearlo un poco para divertirme habia decidido exigirle con el impetu de saber que nunca se lo habia exigido. Él no dijo nada, seguia un poco perdido, y miraba las manos insistetemente, como tratando de buscar ese litigio legal que sabia que tenia para decirme que no podiamos andar así.
A veces las fichas caen solas pero en situaciones como esta me preguntaba si alguien con esa mentalidad
Pero en aquel lugar, me di cuenta de que todos los argumentos que siempre me habia puesto para no hacerlo en ese momento carecian de validez. Era mi oportunidad de probar eso de ir de la mano, cosa que a mi no me importaba realmente, pero un poco para pelearlo un poco para divertirme habia decidido exigirle con el impetu de saber que nunca se lo habia exigido. Él no dijo nada, seguia un poco perdido, y miraba las manos insistetemente, como tratando de buscar ese litigio legal que sabia que tenia para decirme que no podiamos andar así.
A veces las fichas caen solas pero en situaciones como esta me preguntaba si alguien con esa mentalidad
ss
ROMPIENDO LAS REGLAS Recorrimos la plaza un par de veces hasta que decidimos ir por uno de los costados donde desfilaban diferentes comunidades en una especie de murga. Era dificil de transitar, habia demasiada gente, era imposible ir de la mano, pero no era que realmente me importara, en un momento entre el mar de gente nos quedamos atrapados, las colas invisibles que se forman entre la gente estaban casi estaticas, el movimiento era demasiado lento como para moverse. Yo lo tenia en frente mio asi que lo abrace desde la espalda, se me hacia muy comodo que fuera mucho mas bajo que yo para un abrazo pleno en ese lugar. Él no me reprocho mucho porque estabamos mas concentrados en poder pasar ese lugar, porque la presión de la gente desde todas las direcciones solo aumentaba y lo hacia un paso lento.
En eso el se da vuelta, y me dice "Rodri!" mirandome como si yo estuviera loco, y luego mirando al rededor. Estaba avergonzado. -Nadie nota nada, es mucha gente.- Volvió a mirar al frente ofendido e hizo espacio entre los dos lo poco que se podia. Yo no me arrepentia de nada, era divertido, solo esperaba que no le hubiera molestado mucho. Pudimos avanzar un poco mas pero apenas podiamos divizar a los hombres maquillados desfilando. Creí que la presión entre la gente empezaba a aumentar de nuevo, pero no. Él entonces inclina la cabeza con una sonrisa a medias y uno mirada inocente pero enfangada, que me hizo volverlo a abrazar.
La tarde se empezaba a pasar, mi amiga antes que nada nos sacó una foto, la única que siempre tuvimos, y se fue temprano. Le consulte que que queria hacer, me dijo que no sabia así que dimos un par de vueltas, y decidimos volver.
Algo que aprendes rapido si haces el recorrido de otro lugar a buenos aires, es que los dias de eventos, los servicios de transporte se atiborran no tanto a la ida sino mas a la vuelta, porque llegar podes llegar en cualquier horario, pero volver a tu ciudad todos vuelven en una franja temporal mas chica. Asi que tomar el tren de asientos incomodos y pasillos grandes donde entran trescientas personas y que tiene largas paradas es la mejor opcion a intentar tomar el bondi donde entran 40 personas, y con el que llegas mas rapido... sí lo podes tomar.
Eso intentaba explicarle a él mientras estabamos en el obelisco, viendo como pasaba el quinto bondi lleno que ni ademan de legitimizar la parada hacia. Pero no le gustaba el tren, él queria llegar rapido, porque ya tenia planeado con que divertirse y que cocinarse. Así estuvimos dos horas. Yo no queria decirle, que yo habia tenido razon...mucho. Ya podia notarlo en su cara, se habia puesto oscuro el día. Y eso se llevo su humor. No queria saber nada, finalmente a regañadientes acepto ir por tren, pero no queria ni mirarme. Llegamos a la estacion de tren para encontrala casi completamente vacia. Habrian de ser las doce de la noche para entonces, nos sentamos en un banco, el se sento mirando en el lado opuesto, Al guardia que le preguntamos nos dijo que no estaba seguro, pero que creia que pasaba uno que volvia a nuestra ciudad a la una de la mañana. Estabamos en silencio. Traté un par de veces de charlar y desenojarnos, porque tambien me habia molestado que me culpe, o asi sentirlo, que estemos en esa situación. -Jamás vuelvo a esta ciudad de mierda- fue de lo poco que me pudo decir. Iban a ser tres horas de espera, eso si pasaba el tren, sino no sabiamos que hacer, barados en Constitución.
Hacia un tiempo habiamos estado echados en cama como se nos habia hecho costumbre. Iluminados solo por la luz de la computadora en un silencio eterno solo a veces interrupido por la respiración de su compañero de habitación y los sutiles rumores de viejas maderas de aquella pensión en dormiamos. El tiempo se nos pasaba sin hacer mucho, hablando nomas de cosas poco importantes. Yo a veces lo sentía a todo como rememorando aquellas charlas infantiles entre amigos que quieren dormirse antes de hacer las grandes preguntas con nuevas y nunca recordadas respuestas. De esas charlas a la gran mayoria no las recuerdo sino mas el aura que traian, pero tambien hay algunas que las recuerdo al dedillo, como si se tratara de un cuento antiquisimo que conocí en un lugar donde el tiempo no nos sucedia y la galaxia era algo lejano. Un cuento que nunca mas voy a escuchar, sino solo en el solitario mantra de recordar.
Me confesó entusiasmado que él era un pez, que le gustaba el mar. Me dijo que "en la isla" usaban barcos para transladarse entre Rio Grande Y Usihaia. Me contó que una vez el siendo pequeño sintió uno de los mayores orgullos de su vida. Él recordaba una de las primeras veces que usó aquel barco durante una excursión con sus compañeros. El nuevo tamboleo de las olas lo emocionaba, lo sentía natural, aunque no fue asi para los demas compañeritos de su grado. Mientas el resto se sentia mareado que a él no le afecte esa sensación primordial de algo que descubria. De que, en el fondo, él era un pez.
Yo no lo entendia, ¿quien quiere ser un pez? De tantos animales, de tantas formas que podes formar, elegir un pez me parecia precario. Me recordé incomodamente que no hay soledad en los cardumenes, pero me retruqué que tampoco hay forma de destacarse en un cardumen, solo un pez mas del montón.
Él me repitió que era un pez y su destino era nadar. -Que flashea- pensé, pero aquel comentario se quedó conmigo y sin que lo note creció timidamente adentro de mí. Talvez fue por lo desencajado de ese pensar, pero a veces, cuando lo concevia, recordaba su ser de esa particular manera. Y con el tiempo ese pensamiento ganó compañia. Entre ellos, que talvez todos eramos peces. De cualquier manera sé que esas charlas penumbrosas me hicieron comprender lo siginificativo que eran los detalles menores para darle sabor a las personas, y que talvez eso hacia que reconocieramos con nombre propio y único.
Yo no lo entendia, ¿quien quiere ser un pez? De tantos animales, de tantas formas que podes formar, elegir un pez me parecia precario. Me recordé incomodamente que no hay soledad en los cardumenes, pero me retruqué que tampoco hay forma de destacarse en un cardumen, solo un pez mas del montón.
Él me repitió que era un pez y su destino era nadar. -Que flashea- pensé, pero aquel comentario se quedó conmigo y sin que lo note creció timidamente adentro de mí. Talvez fue por lo desencajado de ese pensar, pero a veces, cuando lo concevia, recordaba su ser de esa particular manera. Y con el tiempo ese pensamiento ganó compañia. Entre ellos, que talvez todos eramos peces. De cualquier manera sé que esas charlas penumbrosas me hicieron comprender lo siginificativo que eran los detalles menores para darle sabor a las personas, y que talvez eso hacia que reconocieramos con nombre propio y único.
Aun nos encontrabamos en la estación de Constitucion y habrian pasado diez tensos minutos cuando notamos que estaba por salir un tren que no iba a nuestra ciudad pero sí nos dejaba a mitad de camino. Me dijo que unos tios vivian en ese lugar -de última podiramos ver ahi- pero en realidad tampoco queria. Con eso al menos teniamos mas posibilidades de conseguir algo que nos deje en nuestra ciudad así que eso fue lo que tomamos.
Llegamos a la estacion de esa ciudad, esta tenia una pantalla electrica que decia que en 40 minutos pasaba un tren a donde ibamos. Luego cambio a 30, a 20 a 10. Despues de eso pasaron quince minutos, veinte. El contador seguia avisando que en 10 minutos llegaba el tren.
-Encima con este conador retrasado, se freezeó.- Me dijo. Otra vez no teniamos como llegar y estabamos barados sin poder volver.
Con eso los dos cedimos un poco a nuestro trato de no hablarnos. Cuando le pregunté si conocia esta ciudad me dijo que vino un par de veces pero que nunca estuvo mucho ni recorrió mucho porque siempre iba a los de los abuelos. Ahí se me ocurrió preguntarle si habia algo para hacer en aquella ciudad, me miro intrigado, tratando de deducir el plan que estaba maquinando.
-Hay un bar que siempre quise ir, pero es más para viejos, creo.-
Ahi empezamos a pensar en cuanto teniamos, si habia cajeros, boliches, que era sabado, todo se redondeaba. Habia un plan.
Y mientras ultimabamos los detalles, podiamos ver la luz a la distancia acercandose, y el sonido lejano del tren. Nosotros ya nos habiamos entusiasmado por la variedad de posibilidades que se nos habian abierto, de por como una noche trunca podia volverse una oportunidad de hacer algo así de improvizado, y como ese enojo podia convertirse en entusiasmo. Para cuando frenó el tren, otrora salvacion, ahora era solo un camino. Con todo eso pensado igual no habia mucho tiempo de desicion asi que nos subimos al tren.
Mientras nos sentabamos en el tren en completa soledad tuve un pensamiento ignoto que talvez nunca me pueda olvidar -no me molestaria pasar toda mi vida con alguien así-.
Él me seguia hablando y yo le respondia pero mi mente estaba en otro lugar, descifrando otras cosas. Era vertigo y sorpresa, y una inmensa calidez. Entendia lo que significaba, podia sentirlo en como se sentian mis dedos. en como se sentia mi mirada, en lo alienado que estaba de mi cotidianidad. Ese día yo supe. Supe y nunca dejé de saber.
Como le pasa a muchos con caras y cuerpos diferentes pero con una impronta de singularidad. Entre todos esos cardumenes de gente, entre todos los urdimbres sagrados y encuentros fortuitos me habia topado con el Rey Pez. En una fiesta de dos para un dia nublado.
Cumpliendo el ciclo, siguiendo los mismos pasos que otros muchos dieron y otros tantos van a dar. La misma historia y las mismas emociones con miles de rostros y miles de personas. Y para cada uno, solo un Rey Pez.
Rememorandolo seguro fue egoista de mi no decirlo hasta mucho tiempo despues pero sentia que era todo el control que podia tener sobre la situación. Un control tonto e ineficaz, una resignacion a una simple articulacion de palabras. Pero aquellas charlas del despues de nosotros se volvieron dificiles, y algunas otras cosas faciles. A años de no volver ver su silueta en el mar a veces me vuelvo a pregunto si esos reyes alguna vez son completamente derrocados.
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